Ballenas, el peligro de la ignorancia humana.
En los sesenta la industria ballenera intensifico la captura de cachalote (Physeter macrocephalus), especie migratoria de unos 60 t de peso por 20 m de largo. Se caracteriza por la distribución de sus hembras e individuos jóvenes en aguas tropicales y subtropicales de ambos hemisferios. Sus capturas alcanzaron un maximo en 1965, posteriormente cayeron al disminuir la reserva. En el hemisferio sur se estimaba en 1946 una reserva de 257.000 machos y 330.000 hembras, que en 1972 se habían reducido a 128.000 y 295.000 respectivamente.
La Comisión Ballenera Internacional (CBI) es el único órgano reconocido por los países del orbe, con autoridad para regular la caza de las ballenas. Desde un comienzo, los paises miembros han estado divididos en dos bloques, el de los países balleneros y el de los conservacionistas. Su creación en 1946 significó una reacción ante el dramático retroceso poblacional experimentado por los grandes mamíferos marinos, a causa de la caza abusiva. El mayor éxito se alcanzo en 1986 al entrar en vigo una moratoria en la caza de ballenas en todos los mares del planeta. Si bien se trata de una veda transitoria y no siempre respetada, de cualquier manera significó un alivio significativo a la depredación registrada en los dos hemisferios. Además lanzó un mensaje muy positivo al mundo a favor de la conservación de las especies subordinando la rentabilidad al equilibrio de las poblaciones.
La Cumbre de la Tierra realizada en Río de Janeiro en el año 1992, represento sin lugar a dudas un nuevo hito histórico a favor del medio ambiente. Renació el Espíritu para la Conservación del planeta y su gente, contemplando las futuras generaciones al que llamaron: Desarrollo Sostenible. Los pueblos originarios lo han aplicado sin saberlo desde antaño. Más sabios y pragmáticos demostraron que es posible obtener bienestar económico, crecimiento cultural y calidad de vida sin agredir a la naturaleza.
La ignorancia de la humanidad está poniendo los océanos de nuestro planeta en peligro. Hemos creado este problema debido a la falsa impresión que los océanos son infinitos y estos deben disolver, absorber, purificar y que vuelva inocuo todo lo que la humanidad produce.
El caso ballenero nos permite ilustrar las implicaciones económicas y ecológicas de la explotación de recursos renovables libre o públicos, en especial, ilustrar diferentes externalidades negativas vinculadas con la sobrepesca, tales como: reducción de reservas, agotamiento, caida de capturas, aumento de esfuerzo pesquero, caida de rendimiento, aumento de costo etcétera.
La humanidad esta descubriendo de la peor manera que los océanos no son infinitos ni muchos menos invulnerables. Aparte del hombre, las ballenas son la única especie que aún migra libremente por todos los océanos de este planeta y ocupan un lugar importante en la estructura y el funcionamiento de los mares y océanos. Gran parte de estos animales son el último eslabón de las complejas cadenas alimenticias y en consecuencia pueden servir como indicadores de la salud de todo un ecosistema. Además son los mamíferos más grandes de la tierra y ciertamente los más misteriosos e interesantes, ya que se ignoran muchas cosas acerca de ellos. Los problemas alarmantes que enfrentan muchas poblaciones de ballenas delfines y marsopas reflejan la gravedad de la crisis que enfrentan los océanos. No sólo las especies y poblaciones tales como la ballena franca en el Atlántico Norte, la Vaquita o la ballena gris en el Pacífico Occidental se enfrenta a una posible extinción en este siglo, sino tambien a las poblaciones de peces, (actualmente, más del 70 por ciento de las poblaciones mundiales de peces están o cerca de la sobreexplotación, sobreexplotados o en recuperación. Algunas poblaciones de peces que se suponían inagotables como el bacalao de Terranova, casi han desaparecido y no muestran signos de recuperación. Por todo el mundo, los ecosistemas marinos se están degradando y en algunos casos han sufrido grandes cambios que afectan a su funcionamiento.
Cada vez más los ciéntificos están recomendando el establecimiento de reservas marinas, áreas donde no estan permitidas las capturas, con el objetivo de reparar el daño hecho durante decadas por la sobrepesca. Japón argumenta que es necesario matar a más ballenas que hasta ahora para probar que son ellos los responsables de la disminución de las reservas pesqueras. Existen trabajos cientificos en los cuales no se encuentra indicios de que se superpongan los caladeros y las zonas donde se alimentan las ballenas. Estos mamíferos comen además fundamentalmente plancton, calamares de aguas profundas y pequeños cangrejos.
Desde la perspectiva ecológica es interesante explorar el efecto de la sobrecaptura sobre las relaciones entre especies y sus alimentos. En la zona antártica, cinco especies de ballenas y tres de focas, varias especies de aves marinas y especies ictiológicas pelágicas así como algunos cefalópodos, compiten por el mismo sustento: el krill (Euphausia superba). Según se a observado, las poblaciones de krill han aumentado con la disminución de las reservas de ballenas, lo que está siendo aprovechado por los otros consumidores. Así algunas poblaciones de pingüinos han aumentado notablemente. A su vez, la rarificación de las poblaciones de algunas especies ha favorecido a una de ellas: el rorcual del norte, éste, gracias a la mayor disponibilidad de alimento, revela mayores tasas de crecimiento y de preñez y edades de maduración sexual más tempranas. Ello plantea la interrogante de si este hecho no dificulta la recuperación de las reservas agotadas de ballenas ( un fenómeno similar al de la sardina del Pacífico norte).
La inesperada abundancia de Krill ha despertado también el apetito de otro predador: el ser humano, quien, ignorando una de las causas de la repentina abundancia, esto es, la desaparición de su mayor depredador , las ballenas, ha especulado sobre la explotación comercial de krill, a decir de algunos un “enorme e inagotable” recurso marino para la producción de proteína, tanto para consumo humano directo como para consumo animal. Es obvio que cualquier captura masiva de Krill desencadenará una serie de efectos en cadena, en especies de mamíferos marinos, ictiológicos, de cefalópodos y aves marinas, que en el hemisferio sur dependen de este alimento y carecen de otro sustento de las mismas dimensiones y concentración.
Algunos expertos han observado que la conversión de Krill en proteína para alimento animal implica una escasa eficiencia energética, no sólo por los costos de captura relativamente elevados en relación al volumen mínimo necesrio, sino por las fases de conversión en proteína y por último por la conocida ineficiencia energética en la producción de proteína animal, en circunstancias que como se ha señalado, el krill es un eslabón de una cadena alimentaria muy eficiente. Estos expertos concluyen que la mejor utilización del krill es en contexto de una eficiencia gestión de los recursos del mar, antes que en su captura para alimentación animal.
Algo similar ocurre con especies ictiológicas por las cuales la competencia entre seres humanos y ballenas es grande. Es el caso del capelán del Atlántico norte, sustento básico de la jebarta, del rorcual de aleta blanca y del rorcual común. Se calcula que en la región de Terranova una reserva de 2.500 rorcuales comunes consumen unas 250.000 t de capelán en cada estación veraniega y que la reserva de rorcual de aleta blanca consume otras 35.000 t, comparadas con 250.000 descargas en 1974 por diversas flotas pesqueras para consumo humano, y cantidades muy superiores consumidas por especies depredadoras del capelán como focas, bacalao, túnidos etc. A su vez, el hombre compite con el rorcual común y el de aleta blanca por el arenque, con otros por la sardina y la anchoa, y con diversas especies por el bacalao y la caballa, complemento dietético de los copépodos en la alimentación del rorcual del norte.
Durante los últimos años viene empleándose un nuevo argumento para justificar la caza de ballenas. Sus defensores se apoyan sin base ciéntifica que las ballenas están agotando las poblaciones de pescado, pero no son capaces de producir un solo informe que apoye sus teorías, la verdad es que, a través de los océanos del mundo, la crisis pesquera es uno de los resultados de la explotación irracional de los océanos.